El Jardín de Valentín

Nueva producción que nos invita a conocer el denominado “Teatro del Absurdo”.

Dos personajes, o clowns, – porque todos tenemos algo de cada uno – se encuentran en un lugar indeterminado que, sin embargo, está acotado circularmente. Para ellos, la vida – su vida – parece un infinito volver a empezar, un eterno transcurrir hacia adelante cuyo destino, les lleva al principio.

Y así, con esa sensación que produce no poder evolucionar, redoblan sus esfuerzos con la vitalidad necesaria como para descubrir que más allá de ese lugar, hay otros mundos, otros lugares y que, quizá, tienen la suficiente valentía como para entender que ya no se necesitan, que pueden ser sin el otro.

El resto del mundo es ancho y largo e inabarcable.

Pero se sienten pequeños: apenas una mota de polvo a merced de los elementos. Demasiados peligros que afrontar con el desasosiego que produce la soledad.
Es vital volver, regresar a ese lugar, a ese círculo, a ese principio seguro, confortable, antes que admitir – y este es uno de los mayores conflictos de la obra, de la humanidad – el miedo que les produce ser libres.

Si yo soy para mí solamente, ¿quién soy yo?, es la pregunta que constantemente se hacen, por eso prefieren renunciar a esa libertad que produce salir del círculo, antes que sentirse incomprendidos y verse solos, apartados, perdidos fuera de la línea, porque necesitan ser con el otro, a través del otro.

El Jardín de Valentín es el lugar perfecto para ellos, en donde pueden desplegar sus fantasías, sus ilusiones, sus anhelos, siendo conscientes de que el final, es solo el principio.

Pero qué más da: mejor esto que estar condenado a la soledad que produce la libertad…
FICHA ARTÍSTICA

Dramaturgia y dirección: Cristina Yáñez
Intérpretes: Javier Anós, Daniel Martos y Natalia Gomara
Diseño espacio escénico y atrezzo: F. Labrador
Iluminación/videocreación: Felipe García Romero
Espacio sonoro-arreglos musicales: Rubén Larrea
Vestuario: Jesús Sesma
Producción ejecutiva:  Fernando Vallejo